domingo, 31 de enero de 2010

La luna no estaba llena, y en el cielo no había una puñetera estrella, pero ahí estábamos los dos sentados en el sofá del salón.

No nos dio tiempo a sacar una película decente en el videoclub y lo que daban en la tele no era demasiado bueno, ya nos empezábamos a acabar (sobre todo yo) la pizza que habíamos pedido para cenar.

Estábamos viendo el futbol, un partido de segunda regional, y fue cuando el Alcorcón marcó cuando empecemos a celebrarlo.

Nos dimos un fuerte abrazo, entre gritos de goles y aun que otros vítores y no lo pude remediar, le mire a los ojos y le tuve que besar.

Azules esmeralda, como nunca antes los vi, acariciando su pelo negro, tan negro como la más cerrada noche, y de pie en medio del salón mis manos bajaron hasta tocar su culo.

El jugueteo de nuestras lenguas no parecía fuese a parar y, es más, nuestras manos comenzaron también a juguetear con un frenetismo tal cual el de las lenguas.

Mi erección era latente y ansiaba buscar su cuerpo. Le abrace mas firmemente haciéndole notar su presencia sobre sus vaqueros.

Mis besos dejaron sus labios para proseguir con su cuello, el cual me ofrecía extasiada por el placer, subiendo la mirada al cielo, para alargar mis besos.

Comencé a desabrochar su camisa, y a besar por cada botón desabrochado, como si mi premio por conseguir desabrocharlo fuese. El verde de la camisa dejo paso a un sostén negro con detalles rojos, dentro del cual se encontraban sus pechos por los que me moría de ganas de morder.

El salón parecía el más ardiente infierno, no podía soportar el calor y pare un segundo de morder para quitarme mi camiseta. Ella, impaciente me ayudo. Comenzó a besar mi cuello y a palmar mi pecho.

Nuestros labios se encontraron de nuevo en un beso que nos hizo olvidarnos de todo hasta que un ruido nos llamó la atención.

La puerta del salón estaba abierta, sus padres acababan de volver…


Tags: Relatos eróticos

Publicado por Desconocido @ 22:00
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